lunes, 18 de enero de 2010

Taller de Dinamizadores: pensamiento lateral (aunque sea accidental)

Con motivo de la apertura del plazo para inscribirse en la VII edición del Taller de Dinamizadores® de la Innovación de la Fundación Canaria Universitaria de Las Palmas, vamos a hablar un poco de un aspecto que, según he podido escuchar, se critica bastante: ¿qué hace un recién titulado ejerciendo de consultor de la innovación?

Antes que nada, quisiera avisar de que este post está basado en hechos reales. En realidad, está basado en hechos reales y en una película. Para entender los hechos reales, hablemos primero de la película. El problema está en que no me gusta destripar películas y necesitaría hacerlo para contarles lo que quiero. Por eso, voy a alterar algunas cosillas, para que quien no la haya visto pueda disfrutarla como si no hubiese leído nada sobre ella. Es probable que quien la haya visto la reconozca.

Un hombre, estudioso biólogo especializado en plantígrados, lleva treinta años persiguiendo a una especie tan solo conocida por él. Es una especie rara, que no se deja ver nunca y que vive en la zona más peligrosa e inaccesible de un bosque de los Cárpatos. En una ocasión, hace treinta años, este hombre, que gozaba hasta ese momento de una reputación envidiable, se cruzó por casualidad con un esqueleto de esta especie y se lo mostró a la comunidad científica internacional. Sin embargo, sus colegas le acusaron de falsear el hallazgo uniendo huesos de distintos animales, algo más corrientes: cráneo de oso, fémures de jirafa, espina dorsal de león... Abatido, el biólogo se retiró a las inmediaciones de la zona en la que sabía que debía vivir ese extraño animal y allí permaneció durante todo ese tiempo.


Treinta años dan para mucho, aunque se esté recluido en una cabaña en medio de los Cárpatos. En ese tiempo se mantuvo informado acerca de las costumbres de animales que él pensaba que se asemejaban a su codiciado ejemplar; leía cuantas publicaciones científicas le llegaban para intuir cómo podrían ser sus patrones de conducta -el correo ucraniano funcionaba bastante bien por aquella época-; desarrolló un sistema de vigilancia que le había permitido avistar a su ejemplar en varias ocasiones, pero nunca consiguió ni tan siquiera sacar algunas fotografías suyas. Treinta años también dan para alimentar todo tipo de obsesiones y sentimientos de rabia hacia el animal. Lo había hecho todo y aún así no conseguía obtener lo que deseaba: un ejemplar vivo que pudiera mostrar a la comunidad científica para recuperar su reputación.


Un buen día, una familia con dos niños pequeños decidió ir de excursión a la región. Qué hace una familia con dos niños pequeños en pleno bosque salvaje es algo que se escapa a mi entendimiento, pero ya les he comentado que se trata de una película (alterada). El menor de los hijos no levantaba su coronilla más de metro y veinte del suelo y no se despegaba de un estruendoso juguete con campanillas. En un momento bastante tenso de la trama, este niño se pierde en plena floresta -acabo de encontrar este término gracias a la informática y al diccionario de
la RAE, ¿no es increíble?-. Y como en buen film que es, la reacción del niño no es la obvia (asustarse), sino darse cuenta de que comienza una gran aventura... y hace sonar las campanillas de su juguete. El sonido genera un movimiento bastante extraño entre el follaje que le rodea, pero como buen niño ficticio, en vez de echar a correr sigue haciendo sonar su juguete. Y entonces aparece la bestia.

El animal parece tener cabeza de oso, muslos de jirafa y lomo de león. Y aunque su tamaño es realmente imponente, su carácter es más bien afable, por lo que bestia y niño acaban haciéndose amigos inseparables. A partir de este momento, la película prosigue con un sinfín de situaciones en las que el biólogo trata de utilizar al niño para hacerse con su presa y etcétera, etcétera. Eso no viene a cuento ahora mismo.


Lo importante es esto: a veces es más efectiva media hora haciendo tonterías que treinta años de estudio meticuloso para hallar la solución a un problema. Así de extraña es a veces la vida. ¿La vida? ¿No estábamos hablando de una película? Bueno, para hablar de analogías en la vida real tenemos que traducir esto de la siguiente manera: el pensamiento lateral y la casualidad, a veces, ayudan mucho más que el estudio meticuloso para hallar la solución a un problema.


Esto sí es la vida real. Extraigo un texto de
Wikipedia: "El adhesivo original usado en los Post-It fue inventado en 1968 por Spencer Silver, un investigador de la compañía 3M. En realidad estaba buscando un nuevo adhesivo potente, pero encontró uno débil, al que no pudo encontrarle utilidad. Sólo en 1974, a un colega suyo, Arthur Fry, se le ocurrió usar aquel adhesivo para crear marcapáginas, mientras hojeaba un himnario del coro de su iglesia. Los primeros prototipos estuvieron disponibles en 1977, y en 1980-1981, después de una poderosa campaña publicitaria, el producto fue puesto a la venta en todo el mundo."

En un primer momento, en esta empresa se pensó que el problema era encontrar un pegamento resistente, pero después se vio que al crear un pegamento débil aparece un nuevo problema y es qué hacer con él. Y nadie esperaba encontrarse con esa utilidad. El pensamiento lineal nos diría "tira eso, no sirve para nada". El pensamiento lateral dice "¿y si...?". Y, por qué no decirlo, la
casualidad también nos regala soluciones nuevas a viejos problemas.

En las dos fundaciones universitarias canarias llevamos siete años (este año será el séptimo, realmente) gestionando el
Taller de Dinamizadores de la Innovación. Se trata de una iniciativa que se ha replicado en otras regiones de España -sí, amigos, por una vez inventamos nosotros y no ellos, al estilo Unamuno- que consiste en insertar a gente que acabe de terminar sus estudios universitarios (o que esté a punto) en empresas para proponer soluciones innovadoras a sus problemas por un lado, y en establecer un puente de contacto con los investigadores de las universidades por otro lado -y servir algún café en más de un caso-. A estos chicos se les da una formación en gestión de la innovación y de proyectos antes de lanzarlos al mundo empresarial o al de la investigación.

Efectivamente, muchos han criticado este programa por un motivo muy simple. ¿Qué pinta un chiquillo de veintipocos años -o veintimuchos- que acaba de salir del cascarón universitario arreglando desperfectos de empresas que pueden llevar muchos años gestionándose con éxito? Pues bien, para explicar eso primero hay que hacer un pequeño inciso: los dinamizadores no van a explicarle a nadie cómo hacer su trabajo. Nunca irán a enseñarle a un abogado cómo ejercer la abogacía.






Lo que el dinamizador de empresas hará es observar el trabajo que se realiza en la empresa y detectar puntos en los que se pueden aplicar mejoras innovadoras. En el caso del abogado, quizás plantee la implantación de un sistema informático para archivar y documentar de una manera más eficiente todos los papeles que pasan por el bufete. Y eso es algo que al señor abogado podía habérsele pasado por alto: gestionar papeles y meterlos en archivadores sin más podía ser poco eficiente, por lo que un sistema de clasificación informatizado y automatizado podría ayudarle a encontrar todo mucho antes -es un ejemplo muy tonto, pero espero que sirva-.

Lo que se busca es la mirada fresca de alguien que no ha sido "contaminado" por muchos años de experiencia y que, por tanto, es capaz de ver cosas de las que los profesionales más curtidos no se percatan, bien porque se han acostumbrado a ellas o bien porque, simplemente, cada profesional sabe de lo suyo y no tiene por qué entender de lo demás.


Obviamente, un dinamizador puede llegar a decir auténticas estupideces -yo fui uno de ellos, lo digo por experiencia-, pero a veces hace sonar un juguete con campanillas
et voilà!, captura ese raro espécimen que ningún biólogo ha conseguido clasificar nunca, aún después de treinta años de incesante búsqueda.


Coescrito por Artemis Rivero González, técnico en vigilancia tecnológica, y Adrián Ibáñez Rodríguez, coordinador del Taller de Dinamizadores en la Fundación Universitaria de Las Palmas.
Imagen de patrimonio público, obtenida de la galería George Eastman House

jueves, 31 de diciembre de 2009

El ITC lidera un nuevo proyecto europeo para suministrar servicios de innovación de alto valor añadido a las empresas

Hace unos días el portal del ITC publicaba una noticia que reproduzco a continuación:

El ITC lidera un nuevo proyecto europeo para suministrar servicios de innovación de alto valor añadido a las empresas

Esta propuesta tiene una duración de 24 meses y cuenta con un presupuesto de más de 600.000 euros, cofinanciados con fondos FEDER.

Persigue crear una red transregional de oficinas de proyectos de innovación, especializada en la prestación de servicios tecnológicos avanzados dirigidos al tejido empresarial de las tres regiones ultraperiféricas  participantes.

El Instituto Tecnológico de Canarias del Gobierno autónomo lidera un nuevo proyecto europeo, denominado STA 2.0 (Red Ultraperiférica de Centros de Innovación y Desarrollo Empresarial: Creación de una Red Transregional de Oficinas de Proyectos de Innovación para la Prestación de Servicios Tecnológicos Avanzados a Empresas), que tiene como principal objetivo generar y suministrar un paquete de servicios tecnológicos de alto valor añadido, basados en el conocimiento y dirigidos a empresas.

Este proyecto, recientemente aprobado por el Comité de Gestión del Programa de Cooperación Transnacional Madeira-Açores-Canarias (2007-2013), ha celebrado la reunión de arranque, en la que han participado todos los socios que conforman el consorcio. Esta propuesta tiene una duración de 24 meses y un presupuesto que asciende a 663.800 euros, cofinanciados al 85% por el FEDER, con la cual se pretende sentar las bases de una verdadera red transregional de oficinas de proyectos de innovación, especializada en la prestación de servicios tecnológicos avanzados para las empresas.

El proyecto STA 2.0 nace con la vocación de convertirse en un punto de inflexión en las prácticas habituales para la prestación de este tipo de servicios, a fin de impulsar la innovación en la empresa, generando y suministrando nuevos servicios de alto valor añadido basados en el conocimiento, que den respuesta a las demandas reales extraídas del día a día y la amplia experiencia de las instituciones participantes, con el consiguiente beneficio general, en términos de aumento de la competitividad del tejido empresarial de las regiones participantes.

A través de este proyecto, se persigue mejorar y optimizar los servicios que actualmente ofrecen los organismos de intermediación de las tres regiones ultraperiféricas  participantes, minimizar las deficiencias existentes y mejorar el nivel y la calidad de la respuesta que demanda el tejido empresarial, aportando mayor valor añadido y mejorando los tiempos de respuesta

El ITC actúa en este proyecto como Jefe de Fila, a través de la División de Innovación Tecnológica, completando el consorcio las siguientes entidades:

En la reunión de inicio del proyecto, celebrada en la sede del ITC en Santa Cruz de Tenerife, estuvieron presentes todos los participantes en el consorcio y durante la misma se produjo la primera toma de contacto  y se trataron todos los temas relevantes de cara al inicio inmediato de las actividades: plan de trabajo, modelos de gestión y comunicación y  planificación de las actividades más inmediatas del proyecto.

Como habrán podido comprobar, nosotros, la Fundación Universitaria de Las Palmas, a través de la Unidad de Promoción de la Innovación, vamos a participar activamente en dicho proyecto como socios.

¿Qué utilidad tendrán estos servicios tecnológicos avanzados? Es una pregunta que se podrá hacer más de un empresario, por otra parte, destinatario de estos servicios. Pues bien, aunque aún queda por definir qué servicios serán más adecuados para las regiones participantes, se puede asegurar desde ya que serán herramientas fundamentales para tratar de equiparar la competitividad de las empresas de Canarias, Madeira y Açores a la de otras regiones de Europa.

Es un poco temprano para adelantar nada, pero se puede uno imaginar que un servicio de, por ejemplo, valorización tecnológica que permita realizar una adecuada transferencia tecnológica entre los investigadores y el mundo empresarial podría poner a estas regiones en una posición mucho más ventajosa para hacer frente a la demanda actual de cualquier producto o servicio, permitiendo que compitan de forma global.

¿Qué más se puede pedir? Seguiremos informando a medida que vayamos viendo progresos en STA 2.0.


Artemis Rivero González, gestor de proyectos de I+D+i y técnico en vigilancia tecnológica en la Fundación Universitaria de Las Palmas